16 Jun 2024 - Edición Nº2609
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EL TECLADO | Derechos Humanos  Lunes 27 de Mayo del 2024 - 21:44 hs.                1446
  Derechos Humanos   27.05.2024 - 21:44   
DERECHOS HUMANOS
Fuerza Norita: la madre de todas las batallas, en estado delicado
La cofundadora de Madres de Plaza de Mayo, de 94 años, está internada. Su familia pide mesura y respeto.
Fuerza Norita: la madre de todas las batallas, en estado delicado
Fuerza Norita.
Por: El Teclado

Por estos momentos se hizo tendencia en redes el hashtag Fuerza Norita. La Madre de Plaza de Mayo, Norita Cortiñas, se encuentra internada en terapia luego de ser operada, y su familia pide respeto en este momento tan delicado. 

Según pudo saber El Teclado, su familia pide respeto: "Sabemos que hay algunas personas que quieren ir a visitar a Nora y las entendemos por el cariño, afecto y admiración que generó durante su vida y lucha. Si estuviera en una habitación no habría ningún inconveniente, pero está en Terapia donde el ingreso es restringido, donde a veces nos tenemos que turnar nosotros, la familia íntima. Por otra parte no está en condiciones de recibir visitas. Les pedimos respeto por ella y por nosotros y entiendan el momento que vivimos".

"40 años estuvo en la calle luchando por los desaparecidos y las injusticias, querida, cuidada y respetada por los que la acompañaron, ahora es nuestro turno de acompañarla y cuidarla", expresaron. 

***

El 15 de abril de 1977 su hijo Carlos Gustavo Cortiñas fue secuestrado, detenido y desaparecido por la dictadura cívico eclesiástica militar. Desde ese entonces, Norita, con su metro y medio de altura, se convirtió el un faro de la lucha por las causas justas. 

En una entrevista publicada por el sitio Educación y Memoria, cuenta: "Yo fui una mujer tradicional, una señora del hogar. Me casé muy joven con Carlos Cortiñas y tuvimos dos hijos: Carlos Gustavo y Marcelo Horacio. Mi marido era un hombre patriarcal, él quería que me dedicase a la vida familiar.  En ese entonces, yo era profesora de alta costura y trabajaba sin salir de mi casa, enseñándoles a muchas jóvenes a coser. Vivía todo muy naturalmente, como me habían educado mis padres.

Gustavo salió una mañana como todos los días y no llegó más. Era el 15 de abril de 1977. Tenía 24 años, una esposa y un hijo muy pequeño. Lo secuestraron en la estación de tren, mientras iba camino a su trabajo. Esa noche un operativo militar y policial allanó mi casa, en donde estaba mi nuera. Afortunadamente, a ella no le hicieron nada. Fue un milagro teniendo en cuenta de que en la mayoría de los casos, al no encontrar a la persona buscada se llevaban a cualquier familiar en represalia.

Perder un hijo es siempre una tragedia, pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes están en la misma situación. La soledad nunca es buena receta si se quiere saber la verdad.

Azucena Villaflor fue la que lanzó nuestra proclama inicial: ‘Todas por todas y todos son nuestros hijos’ ¿Qué queremos decir con esto? Es una promesa implícita de las Madres: nuestra lucha no es individual, es colectiva. A lo largo de estos años, si no fuera por esta filosofía hubiese sido muy difícil afrontar tantas adversidades: varias madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la desaparición de los padres. A algunas compañeras les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, porque esos niños también fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y después los registraron con una identidad falsa. Sólo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la búsqueda.

Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos. Nuestro hijo biológico se transformó en 30.000 hijos. Y por ellos parimos una vida totalmente política y en la calle. Los seguimos acompañando, pero no de la misma manera como cuando estaban con nosotras: revalorizamos la maternidad desde un lugar público. Somos Madres a las que se nos sumó un nuevo rol y en muchos de los casos no estábamos preparadas para ello. Transmitimos algo más de lo que antes les transmitíamos a nuestros hijos: el espíritu de la lucha y el compartir otras luchas. En fin, aprendimos a dar y a tomar. Esa necesidad por entender la historia de nuestros hijos fue la que nos mantuvo enteras, la que nos llevó a ocupar espacios hasta ese momento desconocidos por nosotras". [El Teclado]


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