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  Derechos Humanos   28.06.2021 - 13:39   
LESA HUMANIDAD
Juicio Brigadas: “Mi papá siempre tiene 42 años”
El martes 22 de junio se llevó adelante la 31° audiencia del debate oral con modalidad virtual del Juicio Brigadas Banfield, Quilmes y Lanús. El tercer testimonio fue el de María Marta Coley, hija de Manuel Coley Robles.



Por Gabriela Calotti

El martes 22 de junio se llevó adelante la 31° audiencia del debate oral con modalidad virtual del Juicio Brigadas Banfield, Quilmes y Lanús. El tercer testimonio fue el de María Marta Coley, hija de Manuel Coley Robles.

Manuel Coley era delegado sindical de la fábrica de Rigolleau y militante del PRT. Fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 de su domicilio en Quilmes Oeste. Del testimonio de María Kubik Marcoff de Lefteroff surge que fue visto entre fines de enero de 1977 y principios de febrero de 1977 en el Pozo de Quilmes. Sus restos fueron hallados en el cementerio General Villegas, de la localidad de Isidro Casanova, e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el año 2009.

El testimonio

María Marta comenzó su testimonio reconstruyendo parte de la historia de vida de su papá. Nació el 29 de junio de 1934 en Barcelona. Se crió allí, siendo hijo de un miliciano republicano. En 1951 vino a la Argentina con 16 años. La testigo mostró fotos de su papá a la audiencia. “Le decían el flaco, el gallego, aunque era catalán. En la familia era el Nano” recordó. 

Manuel conoció a su esposa en Tucumán en 1963 y se casaron en 1964. María Marta, su primera hija, nació en el 65, y tiene dos hermanos menores. El resto de su vida fue en Quilmes. Describió su personalidad como “nómade” y curioso. Sin embargo, aclara que “estuvo siempre con nosotros. No se fue nunca, hasta que se lo llevaron”. Cuando lo secuestraron, les quisieron hacer creer que los había abandonado, que se había ido con otra mujer. Contó que su papá “tenía una especial inclinación para defender a los niños, a las infancias”.


Manuel fue secuestrado de su casa, el 27 de octubre de 1976, en la localidad de Quilmes Oeste. Él había entrado a trabajar en la fábrica Rigolleau, en Berazategui, en la zona de expedición, donde controlaba la entrada y salida de camiones. Formaba parte de la Comisión interna de Rigolleau, perteneciente a la lista naranja. No se sentían representados por las autoridades del sindicato del vidrio. Realizaron varias acciones en defensa de los trabajadores. Relató una toma de la fábrica, de 10 días, de la cual participaron todos los familiares, hasta que se resolvió el conflicto a favor de lo que pedían. Reclamaban mayores beneficios de las utilidades de la fábrica y un aumento para los trabajadores. “Él no pretendía un crecimiento dentro de la empresa porque siempre había sido trabajador autónomo. Pero fue elegido delegado” recordó su hija. 

El 20 de marzo de 1976, él y los otros compañeros de la Lista naranja, recibieron el telegrama de despido. En ese momento, su papá estaba de licencia por enfermedad, por lo cual era una situación ilegal de despido. No se logró la reincorporación. 

María Marta recordó que su papá hizo la primaria durante el franquismo. Había abandonado la escuela, porque su familia había sido perseguida, humillada y discriminada por pertenecer a las milicias. Había una persecución política a los hijos, y María Marta piensa que su defensa de las infancias surge de esa experiencia. 

[Miguel Santucho declaró por primera vez en un juicio como testigo]


Manuel finalizó la primaria en la escuela de la fábrica. La testimoniante recordó cómo sus hijos lo ayudaban con la tarea y aprendían con él. Empezó a hacer la secundaria en una escuela de Quilmes, en el programa de educación de Adultos de Luz y fuerza. Después de las vacaciones de invierno de 1976, ya no vuelve a la escuela. Como había sido despedido trabajaba de changas, porque había poco trabajo. 

“No se llevaron las biblias”

El 27 de octubre de 1976 a las 22:30, fuerzas conjuntas entraron a la casa de su familia, en Ayolas 882 entre Húsares y Condarco, Quilmes Oeste. Entraron por las ventanas, por las puertas, por el fondo, y habían tomado las casas lindantes. A sus hijos los mandaron a la habitación, mientras que a Manuel lo ataron y le vendaron los ojos con el mantel de la cocina. Lo primero que le preguntaron era si venía del colegio, porque esa era la información que tenían.

La testigo recordó que revisaron todo y robaron pertenencias de la abuela. Preguntaron dónde estaban las armas, pero afirmó que “no teníamos armas en la casa. Nos revisaron los libros que teníamos. Se llevaron plata de la biblia de mi mamá”. Ante este saqueo, les ofrecieron el dinero que tenían, por lo cual, el jefe del operativo contestó: “no somos chorros, somos el ejército”. Se llevaron juguetes, una colección de la guerra civil española, cosas de la abuela, fotos, documentos. “No se llevaron las biblias”, recordó. 

La testigo mostró distintas fotos: del casamiento de sus papás, del día en que su papá  se recibió de la primaria, de su familia. Contó que su hermana falleció en 1984, a los 17 años. Las fotos que tenían en su casa, se las llevaron en el operativo. Por lo tanto, las que mostró en la audiencia se las había proporcionado su prima. 


El jefe del operativo era del ejército, pero los demás eran de la brigada de Quilmes: los reconocieron por verlos en el barrio. “Eran los muchachos que andaban de jean, con ropa de fajina. Andaban en autos sin identificación. Mi mamá dice que hace una semana o más que los estaban vigilando” recordó. El jefe del operativo, estaba de civil y las otras personas estaban de fajina. Los reconocieron ya que los habían visto en el colectivo y en las calles del barrio. Trabajaban en la brigada, pero no tenían uniforme: eran de Inteligencia. 

Cuando secuestraron a Manuel, le dijeron a su familia que en una hora volverían. Cuando se cumplió esa hora, su esposa salió a buscarlo. Fue a la Comisaría 3era de Quilmes, pero no le tomaron la denuncia. Recién se la tomaron al otro mes. 

Realizaron la denuncia en el consulado de España, en la diócesis de Quilmes (“siempre estuvo acompañando a los familiares” acotó). Recibieron ayuda de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre, la APDH, Madres, familiares, Abuelas. “Con todos los que nos acompañaban, estábamos siempre buscando. Era un imperativo ético” afirmó. 

Tenía 42 años cuando se lo llevaron. Cuando preguntaban por su paradero les decían: “Se fue con otra”, “se lo llevaron los compañeros”. Pero ellos fueron testigos: “se lo llevaron de mi casa”. El día del secuestro, después de irse de su casa, fueron a la casa de una compañera, Alicia Lisso




En 2008, el EAAF le pidió fotos y placas odontológicas. Les preguntaron por Juan Carlos Fund y Alicia Lisso, y le pidieron una muestra de sangre. De esta manera identificaron los restos de su papá. Habían hallado sus restos en San Justo en el 2006. Ahí supieron que lo habían acribillado y lo enterraron en un ataúd. 

Enrique Balbuena les contó que estuvo con su papá. A su vez, en febrero de 77, liberaron a María Kubik Marcoff de Lefteroff que había estado con Alicia Lisso en el Pozo de Quilmes. “Alicia hablaba con el gallego, con el flaco”, se pasaban cigarrillos. Así se enteraron de que su papá estaba en el Pozo de Quilmes. Gustavo Calotti también lo vio en el Pozo. Manuel fue asesinado el 5 de febrero de 1977. Del Pozo de Quilmes lo llevaron a San Justo y allí lo asesinaron. 

María Marta contó las vivencias de la guerra que le transmitía su papá. Los valores ella se los transmitió a su hija, y esta a su nieta. “Tuvimos una vida de perseguidos” recordó. A su vez, vivían cerca de la casa de Bergés. 


Reflexionó sobre el tema de la patria potestad: como la tenía el padre, ellos estaban a disposición del Estado. “Veníamos zafando porque en la escuela firmaba mi mamá. Mi mamá tuvo que hacer trámites para que me autorizaran a casarse. Y los jueces amenazaban a las madres con sacarles a sus hijos si seguían buscando a sus familiares” recordó. Se llevaron a los jefes de familia, tanto madres como padres, y los chicos “quedamos en banda”.  

La testigo fue consultada por los nombres y las edades que tenían los familiares en el momento del secuestro. Ella tenía 11 años; su hermana Rosa Alejandra tenía 10 años; y su hermanito, Néstor Alberto, tenía 6 años. La mamá, Alcira Del Valle Juarez, tenía 36 años. “Mi papá siempre tiene 42 años, y está siempre presente con nosotros”.

Para finalizar su testimonio, María Marta pidió leer un poema suyo sobre su papá:

Te me vas convirtiendo en nebulosa,

en un montón de aire, de silencio

en un río perdido sin distancia y sin destino.

Ya sos eso sagrado y misterioso que apenas se lo nombra

para no transformarlo en algo sólido

para no desplazar del paraíso 

Ese lugar donde no están ni los vivos ni los muertos

únicamente los que existen.

Ya estás fuera del mundo, 

fuera de la vida y de la muerte,

del sueño, del sonido y de la sombra. 

Ahora sos una esperanza. 

La próxima audiencia será el 29 de junio a las 9h con las declaraciones testimoniales de Filemon Acuña y Fabio Acuña, ambos sobrevivientes del Pozo de Banfield en la etapa previa al golpe de estado.

Leé la audiencia completa