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El actual diputado provincial de Unión por la Patria, Diego Nanni, presentó su renuncia definitiva a la intendencia de Exaltación de la Cruz, tras haber permanecido siete meses en uso de licencia. Con este paso institucional, se consolida formalmente al frente del Ejecutivo local Luis Mariano Martín, quien ya venía ejerciendo las funciones de intendente interino desde finales del año pasado.
Nanni explicó que la decisión forma parte de una transición planificada y que el objetivo principal fue evitar cualquier tipo de "doble comando" o conducción compartida en el Municipio, garantizando la centralidad absoluta de la gestión en la figura de Martín.
Según detalló el legislador, la creciente demanda de sus responsabilidades en la Cámara de Diputados bonaerense, especialmente tras la conformación de las comisiones parlamentarias, terminó de acelerar los tiempos para formalizar su salida del cargo local.
A través de sus redes sociales, Nanni compartió un extenso mensaje de despedida en el que calificó su paso por la intendencia como una de las etapas más importantes de su vida política y expresó su voluntad de continuar respaldando la gestión municipal desde su actual rol legislativo. Con esta dimisión, la conducción del distrito queda plenamente ratificada bajo el mandato de Luis Mariano Martín para lo que resta del período gubernamental.
Haber visto nacer y crecer este proyecto de mi vida, fue como coronar una de las montañas más altas o realizar un viaje a un lugar extraordinario en este mundo.
Viví en la intensidad de los paisajes asombrosos, caminé por rutas desafiantes y sobrevolé un cielo de infinitas sensaciones. Fue un viaje necesario, vibrante y lleno de luz.
Sin embargo, todo gran viaje tiene un boleto de retorno. Y hoy, al mirar hacia atrás y despedirme de esa gran travesía, NO siento vacío, sino una profunda gratitud. Sabía que tenía que volver.
El verdadero éxito no es quedarse a vivir allí donde querías llegar, sino saber cuándo bajar para compartir la historia con quienes amas… y emprender otros viajes, sintiendo lo lindo de estar vivo.
Dejar los reflectores del gran proyecto no es perder el camino; es elegir el rumbo correcto. Es regresar a la cotidianidad, ese espacio sagrado donde la vida se desacelera. Volver a casa es reencontrarme con el confort más puro, con la contención que no se compra con presupuestos ni se mide en metas alcanzadas: el amor incondicional de los que siempre esperan.
Ellos no esperaban al que fui en la vida pública, ni a un líder o al luchador de aquel proyecto; me esperaban a mí.
Hoy cambio el eco de la exposición por el sonido cálido de las risas compartidas, las largas jornadas de laburo y rosca por un café sin prisa en la mesa familiar, y la adrenalina del logro por la paz de un abrazo sincero.
El viaje fue maravilloso, pero el destino final —este refugio de amor y cotidianidad— es, sin duda, el mejor lugar del mundo.