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“Si la enfermedad
de Beltrán se hubiera detectado a tiempo, hoy estaría vivo”, sostuvo ante El Teclado Paola Chequin, mamá de un niño alegre y extrovertido que a los 4
años comenzó a mostrar dificultades en la conducta y cambios de comportamiento
que ningún profesional lograba explicar. Con un diagnóstico a destiempo,
Beltrán no tuvo posibilidad de sobrevivir y por eso hoy su familia lucha para
que la detección temprana de la adrenoleucodistrofia forme parte de la pesquisa
neonatal.
La historia de
Beltrán es la de muchas familias. Por eso su mamá y su papá no sólo buscan
visibilizar su caso, contando detalles de cómo la muerte temprana irrumpió en
sus vidas, sino para lograr que se amplíe la pesquise neonatal y que la
enfermedad que terminó con su vida sea incluida.
Las primeras
señales llegaron del jardín del jardín de infantes. La maestra de Beltrán
notificó a su madre que estaba teniendo problemas de conducta. Al principio, los
médicos sospecharon que podía tratarse de un trastorno por déficit de atención
e hiperactividad (TDAH), pero el tiempo trajo nuevos cambios. Beltrán comenzó a
tener episodios de miedo, rechazo a ciertos juegos y rutinas, y un aislamiento
que preocupó a toda la familia.
“No respetaba turnos, dejó de salir de la casa y abandonó la bicicleta que tanto le gustaba”, recordó su mamá y agregó: “Llegamos a pensar que había sufrido un abuso. Buscábamos respuestas, pero nunca aparecían”.
La búsqueda de un
diagnóstico fue larga y confusa: consultaron psiquiatras y neurólogos,
realizaron estudios del sueño, pero todo parecía normal. En junio del año
pasado, Beltrán sufrió su primera convulsión. “En el hospital nos dijeron que
había algo en el cerebro, que estaba muy inflamado. Ahí empezó nuestra
pesadilla”, resumió su mamá.
Tras ser inducido
a coma e intubado, Beltrán fue derivado en un vuelo sanitario desde Corrientes,
donde vive la familia, al Fleni de Buenos Aires. El viaje, de tres horas en
avión, fue desgarrador, pero aún faltaba afrontar algo más duro.
“Cuando llegamos
nos dijeron lo peor: el pronóstico de Beltrán no es bueno, no hay nada para
hacer, denle la vida más feliz que puedan, se va a ir apagando de a poco”,
señaló la mujer.
Ese “apagarse” ocurrió en apenas unos meses. El niño perdió la vista y la audición, dejó de hablar, de caminar, de controlar esfínteres y para fin de año comenzó a ser alimentado con sonda nasogástrica.
Finalmente, una neumonía bilateral causada por una broncoaspiración le quitó la vida a los 6 años.

El diagnóstico
definitivo había llegado tarde: adrenoleucodistrofia, una enfermedad genética,
neurodegenerativa y poco frecuente. “Nos dijeron que, lamentablemente, el
primer caso siempre se detecta tarde”, recordó Paola.
Por lo general es
una enfermedad transmitida por la madre y afecta principalmente a los varones.
Sin embargo, en el caso de Beltrán, “él mutó solo el gen defectuoso, por eso
nunca lo vimos venir. No había antecedentes familiares”, explicó su mamá.
La
adrenoleucodistrofia es hereditaria en la mayoría de los casos. Sin embargo,
puede aparecer de manera espontánea, como sucedió con Beltrán. Si se
diagnostica antes de que inicie la lesión cerebral, existen tratamientos que
cambian radicalmente el pronóstico: trasplante de médula ósea, terapias génicas
o nuevos medicamentos experimentales.
“Beltrán llegó a
probar un jarabe experimental que está dando buenos resultados, pero siempre en
etapas tempranas. Cuando la enfermedad ya avanzó, no hay nada que hacer. Eso es
lo más cruel”, sostuvo Paola.
“Es injusto que chicos mueran así cuando existe la posibilidad de prevenirlo. Beltrán no tuvo esa oportunidad, pero nosotros vamos a pelear para que otros la tengan”.
Paola Chequin, mamá de Beltran
La posibilidad de
detectar la enfermedad en los primeros días de vida existe: es a través de la
pesquisa neonatal, un análisis de sangre que, en Argentina, por ley, incluye
solo siete enfermedades genéticas. “Ese listado está obsoleto. Con la
tecnología actual, un espectrómetro de masas, que cuesta 500 mil dólares, puede
detectar hasta 50 enfermedades con una sola gota de sangre. No es un gasto
imposible”, remarcó Chequin.
Tras la muerte de
Beltrán, la familia decidió transformar su dolor en una causa. En Corrientes
lograron la sanción de la Ley 6698, que amplía la pesquisa neonatal en la
provincia. Sin embargo, aún falta que se implemente.
“Corrientes
tenemos la ley, pero también necesitamos que sea nacional. No puede depender
del lugar donde nace un niño el acceso a la detección. La pesquisa es un derecho
y puede salvar vidas”, afirmó.
Paola y su
familia han trabajado codo a codo con la Fundación Lautaro Te Necesita, una
asociación civil que apoya a familias afectadas por leucodistrofias y crea
conciencia sobre este tipo de enfermedades.
“Gracias a Verónica
de Pablo, presidenta de la Fundación, supimos cómo manejar la situación. Sin
esa red de contención no hubiésemos podido. Hay casos en todo el país, por lo
menos uno en cada provincia, pero muchos chicos mueren sin diagnóstico, con
etiquetas erróneas como parálisis cerebral”, explicó Paola.
El pedido de la
familia y de la fundación es claro: que se actualice el programa nacional de
pesquisa neonatal y se incorpore la adrenoleucodistrofia junto a otras
enfermedades genéticas que hoy pueden detectarse con rapidez y bajo costo.
El dolor por la
ausencia de Beltrán sigue marcando su día a día. La enfermedad afectó la vida
familiar, pero aun así su reclamo no se detiene: “Es injusto que chicos mueran
así cuando existe la posibilidad de prevenirlo. Beltrán no tuvo esa
oportunidad, pero nosotros vamos a pelear para que otros la tengan. Si la
enfermedad de Beltrán se hubiera detectado a tiempo, hoy estaría vivo. No
queremos que nadie más pase por lo que pasamos nosotros”, concluyó su mamá. [El Teclado]